miércoles, 5 de febrero de 2014

Aquilatamiento Político de las Pasadas Elecciones y el Triunfo de la Izquierda Salvadoreña.

En un país de dimensiones geográficas tan pequeñas, pero con un pueblo poseedor de gran fervor democrático e inmenso espíritu patriótico; es muy fácil comprobar que su sociedad entiende la necesidad de participar en la magna fiesta electoral que da pauta a la transición de una autocracia derechista de 20 años de duración a una democracia real, en la que se busca una reivindicación de justicia y equidad económica; la cual, el gran capital mediante su política neoliberal, ha impedido, pero a su vez ha generado una malévola e inequitativa repartición de las riquezas.

En ese sentido y ante los resultados de las pasadas elecciones del 2 de febrero, el pueblo salvadoreño debe sentirse plenamente satisfecho del papel garante que ha jugado el Tribunal Supremo Electoral, logrando dicha institución, consolidarse como un ente colegiado respetable, gracias a la organización mostrada en el proceso de emisión del sufragio, mostrando de esa forma a la sociedad civil, que es posible construir un espectro pluralista de transición política, en el que se puedan proporcionar canales constructivos para la participación democrática, a un pueblo sufrido por el nefasto despojo de su riqueza, de manos de algunos malos ciudadanos, que buscan en la política un modus ilícito de enriquecimiento.

El tribunal Supremo Electoral Salvadoreño, permitió esta recién pasada elección presidencial, reavivar la confianza de los ciudadanos en el proceso de participación política, en donde se incentivo de manera contundente a excogitar a sus gobernantes.

 Fue entonces que la proactividad y asertividad organizativa mostrada por el TSE, permitiera al pueblo mediante el sufragio electoral, arrizar un fomento al respeto de sus derechos e intereses políticos por establecer el gobierno que ellos consideren preferible.

El conglomerado profesional que compone el TSE, tiene entre sus méritos contar con un vasto equipo de observadores que han participado en  elecciones internacionales, otorgándoles este tipo de experiencias un argumento profesional que da pauta a la defensa de materias cívicas que con frecuencia abarcan temas tales como la vitalidad social de la política salvadoreña cuando se celebran elecciones, así como la elegibilidad de los candidatos, además de permitir que sea la sociedad civil la que pueda organizarse en torno a estos asuntos y defender un proceso de toma de decisiones más abierto.

En la forma natural de glosar el pensamiento político de las grandes mayorías pobres del país, se percibe que el pueblo desea tener una voz en sus gobiernos y tener control sobre sus vidas y asegurarse de que sus elecciones tengan una verdadera integridad.

Para tal propósito es de gran valor que la sociedad civil pueda en su determinación electoral, visualizar una potente arma que le permita defender la democracia constitucional que con sangre ha consolidado un poder en el que debe anteponerse la reestructuración y mejora del estado de bienestar popular, para una sociedad que sufre en carne propia la agonía del feroz poder derechista, el cual en nuestra nación es dueña de los medios de producción.

Para finalizar este bosquejo de ideas en torno a la reflexión que desprenden los procesos electorales salvadoreños, es importante aclarar que el aspecto clave de la transición de un gobierno es educar a sus sociedades sobre la relevancia de los proceso electorales en aras de continuar con los cambios logrados (mejoras sociales en el gobierno de Funes), por lo que en esta segunda vuelta es necesaria la más amplia unidad, materializada en un gran Frente Político Electoral, compuesto por organizaciones y personalidades políticas populares y la integración de sectores progresistas y de avanzada, identificados con verdaderas propuestas de cambio, cambios positivos que solamente un gobierno del FMLN puede garantizar a nuestro querido Pulgarcito de América.

Concluyo entonces que en esta segunda jornada electoral del 9 de marzo, tendré mas de 20 años de memoria histórica y 10 millones de razones para NO VOTAR por los Asesinos de Monseñor Romero.





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